El viento la revolvía el pelo mientras se adentraba en su mundo interior, en sus pensamientos los cuales ahora eran un mar de dudas, pero no como un mar en calma si no más bien como un mar enfurecido en el que la olas chocan con fuerza contra las rocas desgastándolas, se sentía como deberían de sentirse esas piedras si tuvieran sentimientos.
A su alrededor solo veía árboles, y con gran esfuerzo, pues la oscuridad de la noche se había apoderado de la estancia volviendo aquél bosque un lugar más lúgubre de lo que era de por si, con aquellos árboles sin apenas hojas que permitían ver su esqueleto de ramas meciéndose lentamente con el viento a la luz de la luna.

Un escalofrío recorrió por completo su cuerpo cuando le pareció oír unos pasos entre la maleza. Hinchó su pecho con todo el aire que le fue posible inspirar, armándose de valor a su vez y continuó caminando entre la espesura, sin volver la cabeza, sin mirar atrás. Tal vez su valentía estaba fuera de lugar en aquél momento, a veces ser valiente es malo en exceso.
Alargó los brazos y dio un paso más hacia delante y allí sus manos chocaron contra una verja, era lo que estaba buscando, el ruido que hizo la verja se le antojo estrepitoso. Rápidamente se dispuso a saltar su obstáculo, pero no pudo terminar su propósito. Los pasos que le habían parecido oír antes ahora los podía escuchar con total claridad a su espalda, una mano congelada aferró con fuerza su muñeca, sintió que le ponía algo sobre la cara, en cuestión de segundos la oscuridad la cegó por completo.
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