El silencio siempre me había resultado incomodo pero en ese momento no,
nada podría hacerme sentir incomoda, nada podía hacerme perder la
sonrisa dibujada en mi cara, nada podía sacarme de ese estado de
felicidad absoluta en el que me encontraba. Él, con su perfecta, su
impecable sonrisa, sus preciosos ojos castaños en los que tanto me
encantaba perderme, sus labios rosados tan cerca de los mios que podía
sentir su acompasada respiración. El ambiente era cálido, el espejo
estaba totalmente empañado. Me incorporé, curve la espalda al sentir el
suave tanto de su mano acariciándola, las gotas de agua provenientes de
mi pelo bajaban por mi espalda hasta reunirse con la restante masa de
agua sobre la que estábamos practicamente tumbados.
-No quiero que te separes nunca de mi. - Me susurró al oído.
Le besé lenta, cariñosamente con un ápice de miedo, miedo a que
despareciera, miedo a despertar y darme cuenta de que solo había sido un
sueño, un producto de mi subconsciente, deje que mi cuerpo se pegase al
suyo, y cerré los ojos soltando un leve suspiro dejándolo surgir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario